Fue un 6 de septiembre. La mañana estaba fría; el cielo limeño estaba completamente nublado. Dos chicos quedaron en encontrarse luego de una actividad en su colegio. Él, había despertado eso día con una sonrisa en el rostro. Se puso el bóxer de la suerte, para sentirse más confiado. Llegó temprano al lugar pactado, y la esperó allí.
En realidad, despertaba con una sonrisa en el rostro desde el día en que la conoció. No solo por que le gustaba mucho, sino por que las circunstancias en las que se conocieron fueron muy inesperadas.
Toda la semana estuvo planeando ese día. Bueno, había sido más de una semana. La recogería, tomarían café y en un momento, le daría un beso en la frente. Menudo atrevimiento pensó él, pues no se consideraba suficiente para ella. Tal vez lo recibiría mal, con un mal gesto o un silencio incómodo. Bueno, eso lo sabría pronto. Luego de darle esa apertura, proseguiría con declararsele. Le diría que le gustaba y que quería llevar las cosas con calma. Dios, ni se imaginaba cómo resultarían las cosas.
-si.baja por este lado y yo te espero al otro.-
-es en serio? -
-si, nos vemos. - caminé en dirección a la otra entrada. Cuando supe que era suficiente, volví y baje con ella. - Cuantos carros crees que hay? - su pregunta fue vacía. -10...15 de seguro.- mi respuesta también lo fue. Ella contó y me dijo- hay 17. Fallaste!- - lo hice a propósito.-silencio nada incómodo. Decidí que ese no era el momento. - vamos? - comencé a retroceder, dispuesto a irme. Ella no se movió un cm.-el segundo sótano estará vacío? -me agaché para ver por la mirilla, pero me dijo - no lo hagas- mi cerebro analizaba todas las posibilidades. Recordé el beso en la frente. -tengo una idea. Ya que tu has aprobado adivinación, dime cuantos carros hay sin ver. -tomé su mano como si no lo hiciera a propósito. -no hay ninguno- el momento se acercaba. Me quedaba sin opciones. - veamos. Hay tres carros. Fallaste -silencio incómodo. Abortar misión, pensé- si nos quedamos aquí, podemos esperar a que se vayan dos carros arriba.-era cierto . Se escuchaba el motor de un carro subiendo la rampa. -esperemos entonces. - silencio. Mire su frente. Al pincho. - casi estamos al mismo tamaño- sonrió y le besé dulcemente la frente. Se abrazó a mi. Fuerte. Muy Fuerte- me gustas bastante...- le susurre al oído. Planeaba todo un speech. -¿crees que se malograría si...- con la torpeza de dos niños, nuestras bocas se buscaron. Y con la misma torpeza, en esa cochera de San Isidro nos dimos nuestro primer beso.
La tomó de la mano. Era justo como lo había soñado. En realidad, había esperado ese momento toda su vida. Tomarla de la mano. Caminar con ella. Fue hermoso. Y el beso, eso en realidad fue atroz. Él nunca había besado a nadie, y no sabía nada de eso. Lo sintió mucho por ella, hizo su mejor esfuerzo, de verdad. Pero había pasado, y habrían otros más.
Aun recuerda su pecho pegado al suyo. La respiración agitada, el olor de su cabello penetrando su nariz e imprimiéndose en su cerebro. Sus manos temblorosas contra su espalda. la suavidad de sus labios. Su piel suave y tersa. El temblor de su voz.
Cómo le encantaba esa mujer. Cada parte de ella. Absolutamente todo. Y se dió cuenta, en ese momento, que estaba total y perdidamente enamorada de ella. De esa fría mortal de piel blanca y sonrisa perfecta.